Por: HERNAN BAQUERO BRACHO

Villanueva, la tierra bella, la de la espiga de oro, la de incienso y mirra, siempre ha entregado bendiciones desde que existe como Villa, y como templo de la intelectualidad y de la amistad. Y entre todos estos acontecimientos, siempre han sobresalido sus mujeres, como lo plasmé en uno de mis escritos, la mujer villanuevera ha estado siempre en primer plano. En la culinaria, a través del tiempo se han distinguido y ahí han dejado huellas, que la historia jamás podrá borrar. Matronas de la estirpe de María de Jesús, quien hacia las mejoras chorizas, en el barrio San Luis, inigualables solo con las de Sutamarchan; Luisa Bolaño y sus inolvidables arepas de huevo, y en ese mismo orden dejaron huellas Luisa Bracho y Mahencha; “Meche” Vega, quien producía los mejores pasteles y que heredó su hija Irma Vega, quien hacia las mejores hayacas; el recuerdo imborrable de otra gran matrona “Meme” Saurith, quien elaboraba los mejores vinagres de todo Villanueva y la sazón de Julia Puche y quien trasmitió esos secretos a su hija María Gertrudis y a su nieta Caridad Cortes, y matronas hoy retiradas del arte, pero que nuestro pueblo la recuerda siempre como Julia María Bolaños y María Cuadrado. Esa herencia se patentiza en las de hoy como las Guillen, Olinda Daza, Inesita Quintero, Judilfra Restrepo Pavón, Gladys Peñaloza, y la hija de Icha Bolaño, entre otras.

Todos estos acontecimientos confirman que en Villanueva sus mujeres han sido artífices de su crecimiento, de su desenvolvimiento y de su pujanza y el temple para salir adelante en medio de penurias y de dificultades. Por todo esto se sienten muy orgullosas de haber sacado adelante a sus familias y de haber generado exitosos profesionales, que son ejemplo de la tierra bella.

Desde hace 60 años, existe en Villanueva una de las mejores microempresas que ha sobresalido en medio de tantas cosas buenas. Los dulces de las corrales, tan conocidos localmente, regionalmente, nacionalmente y hasta en el extranjero, donde goza de la fama de su sabor, de su textura, de su calidad, que es inigualable a cualquier otro dulce, que deguste del paladar y que cuando lo prueba, jamás perderá el camino, de esta casa maravillosa y familiar, que ha sido regida por mujeres de estirpe, de esfuerzo y de pundonor. Los dulces de las corrales, fueron creados por la gran matrona María Corrales, fallecida hace 20 años y que estuvo en la brega, por 40 años ininterrumpidos, donde forjó al lado de su esposo Baudilio Quintero, una familia bendecida y orgullosamente villanuevera, donde las mujeres han continuado la gran empresa familiar que dejó su progenitora: Cecilia, Gladys, Dalys, Nereida, Margot, y el orgullo profesional de los varones “Papi”, Duber, Efren y Álvaro, quienes son ejemplo de superación, de amistad y de buen villanuevero.
Cecilia Corrales, su hija, tomó la bandera de esta microempresa que hoy genera ingresos y que ha perfeccionado el secreto que le dejó su madre y de ahí, que Villanuevero que se respete y que viva por fuera, y que visite a nuestro pueblo, no puede antes de irse de ir a una visita obligada donde las corrales, para darles un abrazo y para llevar un producto de excelente calidad. Y personas no oriundas de Villanueva, lo primero que hacen es preguntar donde quedan los dulces de las corrales, para llevar uno de los dulces en sus diferentes variedades y que esta fama ya llega al extranjero, donde son solicitados asiduamente, como delicia de un manjar de esta microempresa exitosa y orgullosamente villanuevera. Esperamos que muy pronto, los dulces de las corrales, se estén exhibiendo en todos los lugares de la patria colombiana y traspase esas fronteras. Las corrales están para grandes cosas, y a fe que las conseguirán.